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lunes 9 diciembre 2019
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Mujer que nació con malformación debido al consumo fetal de Talidomida recibe Pensión de Gracia del Gobernador de Valparaíso

*Mujer que nació con malformación debido al consumo fetal de Talidomida
recibe Pensión de Gracia del Gobernador de Valparaíso*

*Valparaíso, 19 de noviembre 2019.-* “Mi infancia fue terrible, porque años
atrás la discapacidad no era como ahora. Una tenía que esconderse y no
podías hacer muchas cosas que los demás hacían porque no eras integrada.
Por ejemplo, a ti no te invitaban a un cumpleaños porque eras *la rara*, *la
distinta*. Todo eso a una la fue marcando”. Así recuerda, Amelia Purísima
Del Carmen Paredes Santibáñez, sus primeros pasos en la vida, trauma que la
dejó marcada para siempre.

A su madre -, estando embarazada de Amelia, hace 56 años – le fue
administrado un medicamento llamado “Talidomida”, fármaco que en esa época
se le suministraba a las mujeres gestantes para contrarrestar los vómitos y
náuseas. ¿El problema?: el medicamento estaba prohibido en Europa y otros
países porque generaba riesgosas contraindicaciones a los bebés al nacer.
Esto lo vivió Amelia en carne propia: nació con una malformación en su mano
izquierda.

“Estaba prohibido en muchos países, pero acá se les seguía dando a las
personas de clase media baja, porque mi mamá se atendía en el hospital”,
señala con tristeza la mujer.

La discriminación no paró en la infancia. Al salir del liceo le fue muy
difícil encontrar trabajo debido a su condición de salud. “El problema era
la discriminación, porque yo me podía presentar a un trabajo, pero decían *‘le
falta una mano, ¿cómo va a hacer las cosas?’*. Entonces al final yo fui
aprendiendo a vivir sola. Yo, por ejemplo, aprendí a hacer pasteles, a
tejer y de eso viví toda mi adolescencia, porque tampoco estudié más porque
en el liceo que yo iba era *la rara*”.

Pero años después, conoció a la Fundación Vitachi (Víctimas de la
Talidomida en Chile), organización que no solo la ayudó a superar
emocionalmente la discriminación sufrida desde pequeña, sino que también le
ayudó a gestionar apoyos de los servicios públicos, como compensación por
la administración fetal de un fármaco que le provocó esta condición. Así
recibió primero una pensión solidaria, por una invalidez del 50% declarada
por el Compin, y hoy, una Pensión de Gracia entregada por el Ministerio del
Interior y Seguridad Pública, a manos del Gobernador de la Provincia de
Valparaíso, Gonzalo Le Dantec.

La autoridad provincial detalló que la Pensión de Gracia consta de una
entrega mensual y vitalicia de $194.164 pesos, recursos que sumados a la
pensión por invalidez de la mujer y a los ingresos esporádicos que logra
por trabajos como asistente de cocina más los de su marido, le permitirán
vivir con dignidad, solventando sus gastos y los de su familia. Esto,
porque además de la malformación antes señalada, Amelia sufre de
hipertensión arterial y artrosis de ambas rodillas, mientras que su esposo
Dámaso presenta diabetes, lo que le generó la pérdida de visión en el ojo
izquierdo de un 77%, condiciones de salud que les generan gastos
permanentes.

“Nos genera una gran alegría entregar esta Pensión de Gracia que el
Presidente Sebastián Piñera definió atendida a las condiciones particulares
de la señora Amelia. Una señora que reúne todas las características y
condiciones para poder ser beneficiaria de esta pensión, porque ella
durante toda su vida ha sufrido una enfermedad muy compleja, a causa de
situaciones que no tuvieron que ver con ella, y eso le generó necesidades
en su familia, las que son muy atendibles”, señaló Le Dantec.

“Estamos muy contentos de haber podido responder con esta pensión – agregó
el gobernador -, una pensión que se merece, que apoyará a toda su familia y
que va a permitirle a ella poder llevar una mejor vida de aquí hasta el
final, porque es una pensión vitalicia”.

Amelia, además de agradecer la entrega de la pensión, hizo un llamado a
quienes sufrieron la misma condición que ella, a que “hay que vencer el
miedo. La gente de la edad mía viene con el temor de lo que vivió. Por
ejemplo, los niños con síndrome de down en mi época se escondían, las mamás
los ocultaban. Y era lo mismo con los discapacitados. Yo viví porque quise
hacerlo, me frustré, no quise estudiar, pero me dije *‘no puede ser, no
puedo estar encerrada sin hacer nada…* *esto no me la puede ganar, hay
gente que está peor que yo’* y luché y gracias a Dios, me casé, tengo mis
cuatro hijos, de los cuales ya tres son profesionales, y ahora me dedico a
la banquetearía, pastelería y repostería”.